sábado, 3 de mayo de 2014

HABLABA, HABLABA, HABLABA



Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro.

Max Aub

4 comentarios:

  1. Buenísimo. Como siempre, corto pero sabroso. Un abrazo

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  2. ¡Qué derroche de palabras! ¿no? Bueno la solución fue un poco drástica pero parece ser que efectiva.

    Besos.

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  3. Pobre! Por la boca murió el pez.
    Abrazo grande.

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  4. Buen final, no quedó más renmedio, porque la verborrea hay que cortarla, o sino te mata a palabras, palabras...
    Un saludo.

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