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sábado, 14 de junio de 2014

TRANVIA

Por fin. La desconocida subía siempre en aquella parada. "Amplia sonrisa, caderas anchas... una madre excelente para mis hijos", pensó. La saludó; ella respondió y retomó su lectura: culta, moderna.

Él se puso de mal humor: era muy conservador. ¿Por qué respondía a su saludo? Ni siquiera lo conocía.

Dudó. Ella bajó.

Se sintió divorciado: "¿Y los niños, con quién van a quedarse?"

Andrea Bucconi

3 comentarios:

  1. ¿Siempre ha de haber alguien en el medio que sufra por las decisiones de otros? ¿Cuándo dejará de ser tan egoísta la humanidad?

    Saludos

    J.

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  2. Magnífico el relato.
    Deja todo en suspenso....
    Abrazos cálidos Marilyn.

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  3. Jajajaja, en la imaginación todo sucede muy rápido.
    Un beso

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