domingo, 23 de febrero de 2014

LA SIRENA




Al atardecer, iba a pescar con mi padre. Caminábamos hasta una zona de rocas, él arriba, y yo abajo. Me gustaba ver los círculos concéntricos en el agua y las sombras de los peces nadando.
Fue una noche de luna nueva; un pez volador emergió del mar agitando las alas, cientos de gotas se esparcieron por el aire, de ellas brotaron mariposas doradas que subieron hasta el cielo. Quise volar tras ellas.
Esa noche mi padre me llevó en brazos envuelta en una manta.
—Mirad, traigo una sirena —dijo.
Y fue verdad, nunca más supe caminar sobre la tierra.

Fortunata Perez de la Ossa

3 comentarios:

  1. El amor incondicional hacia el mar convirtió a una mujer en sirena.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Como me gustaría convertirme en sirena!. Pero eso sí... sólo por un ratito.
    Me ha encantado.
    Besitos.

    ResponderEliminar
  3. ¡¡Que bonito Marilyn!!
    A mi me encantaría ser pez solamente por recorrer los mares nadando.
    Un beso

    ResponderEliminar