domingo, 28 de agosto de 2011

BARRIGA VERDE

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A fines del siglo pasado, vagaba por las calles de Santo Domingo un pobre muchacho, que parecía ser penínsular, sin paradero fijo y sin alma cristiana que por él fuese.  No se sabía cuándo ni cómo ni dónde había arribado a estas hospitalarias playas.  Solamente se aseguraba que había sido robado en España y traído aquí, no se sabe por qué motivos, en algún buque de los que por rareza se aparecía por  estos puertos.

Su edad dicen que no pasaba de 5 o 6 años, aunque acaso llegaría a diez.  El inclemente clima de la isla había hecho fácil presa en el abandonado niño, que le consumía, relajando su organismo, le habían proporcionado protuberante vientre y mortal color a su fisionomía.

Y, o porque estaba cubierto con camisa hecha jirones que dejaban ver sus venas azuladas verdeando sobre el blanquísimo cutis de su vientre, según opiniones, o, lo que es más corriente, por que vestía un viejo y raido chaleco de paño verde, el caso es que los ociosos muchachos de la época, con su habitual malignidad, bautizaron a su indigno colega con el ridículo mote de Barriga Verde, nombre por el cual era generalmente conocido.

Un día, un pacífico habitante de la ciudad, hombre de color, de holgada vida, persona de bien de los que abundaban en esa época, fue llamado por su esposa:

¡Ay!- taita Polanco, que así lo denominaba, -mira que ahí en la calzada está un pobre muchacho blanco enfermito ¡el pobre! Está tiritando de calentura.

Era el dicho habitante de temperamento que aquí somos todos, es decir generosos y hospitalarios a carta cabal, que dejando sus herramientas salió a la calle y reconociendo al muchacho, con dulzura exclamó:

 -¡Eh! Barriga Verde,  ¿Qué tienes, estás mal?-

El niño apenas respondió con un débil gemido y continuó temblando de frío
-¡Pobre muchacho!- murmuró taita Polanco.

Ayudado por su  mujer lo cargaron y lo entraron en su morada dónde ya le habían hecho preparar un aposento cómodo. Luego le prepararon pócimas caseras y cuidados, al poco tiempo Barriga Verde se restableció.  Le rasuraron la cabeza por estar llena de piojos y lo vistieron con un sayon blanco como de muerto.  El esmero en la alimentación provocó que algunas personas se refirieran  a su aspecto como el de un botón de rosa, muy blanco,  sonrosado, de ojos azules, pelo rubio, nariz perfilada, cara redonda  y lleno de carnes. Parecia inteligente.  La familia le rodeaba de atenciones y cuidados, tratándole como un príncipe.  La gente se había acostumbrado a ver al honrado y trabajador taita Polanco y su postizo hijo, y admiraba también el aspecto distinguido del último y su preciosa carita.

Falta hacer notar que tiempo después de estar aquí el desamparado niño, llegaron unos papeles que sin duda eran reales provisiones o requisitorios para que se buscara a un niño que había desaparecido de la
Corte de España, requisitorios que dicen, se dirigieron a todos los dominios españoles; perdida ya la esperanza de encontrársele en la peninsula.  Pero un día misteriosamente, nadie sabe como sucedió, Barriga Verde desapareció tan misteriosamente como habia aparecido, cuando ya estaba hecho un mocito y cuando mas encariñados estaban todos. Aquél hogar felíz fue todo confusión y llanto.

continuará....

martes, 23 de agosto de 2011

EL MILLONARIO MODELO

Wow, he even smelled like a beggar: >.< Pictures, Images and Photos


Hughie lo había intentado todo. Fue a la Bolsa durante seis meses; pero ¿qué podía hacer una mariposa entre animales de presa y ataque? Fue comerciante de té por espacio de unos meses más, pero pronto se cansó del tipo pekoe y del souchong. Luego trató de vender jerez seco, pero sin éxito; el jerez era demasiado seco. Y por último se dedicó a no ser nada, es decir, a ser simplemente un joven, inútil, de perfil perfecto y ninguna profesión.
Como si no fuera suficiente su desgracia, se enamoró. La muchacha que amaba se llamaba Laura Merton, hija de un coronel retirado. Ella lo adoraba y el estaba siempre dispuesto a besarle la punta de sus zapatos. Formaban la pareja más hermosa de Londres, aunque entre los dos no reunían ni un penique. El coronel sentía gran afecto por Hughie, pero no quería ni oír hablar de compromiso.-Ven a verme, hijo mio, cuando tengas diez mil libras tuyas y entonces veremos- solia decirle.

Una mañana, Hughie fue a visitar a su gran amigo Alan Trevor. Éste era pintor, un tipo raro y arisco, pecoso y con una barba roja y enmarañada. No obstante, tan pronto cogía un pincel, se transformaba en un verdadero maestro y sus cuadros eran solicitadísimos. Cuando entró al estudio aquel día se encontró a Trevor dando los últimos toques a un cuadro maravilloso, representando a un mendigo en tamaño natural. El mendigo en persona estaba de pie en una tarima en un rincón del estudio. Era un viejo consumido, con un rostro de pergamino arrugado y una expresión lastimera. Sobre sus hombros llevaba una capa parda de paño burdo, llena de desgarrones y agujeros; sus claveteados zapatones estaban llenos de parches, y con una mano se apoyaba en un garrote, mientras con la otra alargaba su deformado sombrero en actitud de pedir limosna.

- ¡Pobrecillo! - se compadeció Hughie -. ¡Qué desgraciado parece! Aunque me figuro que para vosotros los pintores su rostro representa una fortuna.

- Claro - contestó Trevor - mientras retocaba su obra de arte; no vais a desear que un mendigo tenga el aspecto feliz, ¿verdad?

Un momento después entró el criado para decir a Trevor que el hombre de los marcos quería hablar con él.

- No te marches, Hughie - le dijo antes de salir vuelvo enseguida.

El viejo mendigo aprovechó la ausencia de Trevor para sentarse un momento en un banquillo de madera que tenía detrás. Tenía un aspecto tan abatido y miserable que Hughie se compadeció de él y rebuscó en sus bolsillos para ver qué dinero tenía. Sólo encontró un soberano. «Pobrecillo - se dijo -; todavía lo necesita más que yo, aunque, claro, esto representará ir a pie durante quince días.» Y, cruzando el estudio, deslizó el soberano en la mano del mendigo.

El viejo se estremeció y una leve sonrisa iluminó sus resecos labios.

- Gracias, señor - dijo -. Gracias

Al poco rato llegó Trevor, y Hughie se despidió, un poco azorado por lo que acababa de hacer.

Pasó el día con Laura, soportó una amable regañina por su liberalidad y tuvo que volver a pie a su casa.

Aquella misma noche entró en el Palette Club alrededor de las once y se encontró a Trevor en el salón de fumar, ante un vaso de vino.

- Hola, Alan, ¿pudiste terminar el cuadro? - preguntó encendiendo un cigarrillo.

- ¡Terminado y con marco, muchacho! - contestó Trevor -. Y, a propósito, has hecho una conquista: el viejo modelo que viste se ha encariñado contigo. Tuve que contarle toda tu vida y milagros..., quién eres, dónde vives, qué renta tienes, qué proyectos, sobre Laura, tu suegro y sus exigencias.

- ¡Pero, Alan - exclamó Hughie -, de seguro que me lo encontraré esperándome en la puerta de casa! ¡Ojalá pudiera hacer algo por él! Encuentro espantoso que uno pueda llegar a ser tan desgraciado. Tengo montañas de ropa vieja en mi casa... ¿Crees que le vendría bien que se la diera? Puede que sí; lo que llevaba puesto estaba hecho trizas.

- Pero hijo mio - dijo Trevor sonriente - ese viejo mendigo, como tu le llamas, es uno de los hombres mas ricos de Europa. Podria comprar todo Londres, manana mismo, sin agotar su cuenta corriente. Tiene una casa en cada capital, come en vajilla de oro y puede impedir la Guerra de Rusia en el momento que juzgue conveniente.

- Que demonios quieres decir? - grito Hughie.

- Lo que te estoy diciendo. El viejo que has visto hoy en el studio era el baron Hausberg. Es un gran amigo mio, compra todos mis cuadros y demas hace un mes me encargo que le pintara de mendigo. Y debo decir que estaba imponente con sus andrajos, o quizas seria mejor que dijera con los mios; es un traje viejo que adquiri en Espana.

-El baron Hausberg! - gimio Hughie – Dios Santo! Y le di un soberano.

-Que le diste un soberano? Exclamo Trevor, e inmediatamente se echo a reir a carcajadas-,

-Podias habermelo advertido, Alan – protesto Hughie – en vez de dejar que me portara como un estupido.

-Nada de eso! Estaba encantado contigo y me lo dijo tan pronto te fuiste. No comprendia por que estaba tan interesado en saber lo rferente a ti, pero ahora comprendo. Invertira ese soberano en tu nombre, y todos los meses mandara los intereses y ademas tendra una historia magnifica que contar en las cenas.

A la manana siguiente mientras se desayunaba, el criado le informo que un anciano caballero con gafas de oro y cabello gris le estaba procurando.

-He venido de parte del baron Hausberg- prosiguio- para entregarle esta carta.

-Le ruego, senornor que le presente mis mas sinceras excusas- tartamudeo Hughie.

Y le ofrecio un sobre lacrado, En el sobre estaba escrito: Un regalo de boda a Hugh Erskine y a Laura Merton, de parte de un viejo mendigo, y dentro habia un cheque por diez mil libras esterlinas.

Cuando se casaron, Alan Trevor fue padrino y el baron Hausberg hizo un discurso durante la comida de bodas.

-Los modelos millonarios – observo Alan – son rarisimos, ¡pero por Jupiter!, que los millonarios sean modelos es todavía más raro.


Adapatacion:
El Millonario Modelo
Oscar Wilde

lunes, 15 de agosto de 2011

EL BARCO NEGRO

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El otro día me encontraba en la playa, y allá, allá en el horizonte divicé un barco. Era un barco negro cuyo color contrastaba rosado purpura del atardecer y el verdiazul del mar.  Al verlo, mi corazón empezó a latir rápidamente y a mi memoria vino la Leyenda del Barco Negro. "¿Acaso sería ese?"

Por primera vez escuché hablar de ésta leyenda en Nicaragua dónde es muy popular.  Sin embargo, la gente se pone nerviosa, y esquiva, y trata de cambiar de tema rápidamente cuando escuchan hablar del Barco  Negro.  Muchos nicaranguences juran haberlo visto pero tienen sobrada razón para sentir miedo y no querer hablar de él.  Otros dicen que es una leyenda, un espejismo, que aparece flotando en el mar por el deseo que tienen muchos habitantes de huir de esas tierras.  De todos modos la contaré por si ustedes, también llegan a verlo.

Cuentan que hace mucho tiempo, ¡tiempales hace! Cruzaba un lancha de Granada a San Carlos y cuando viraba cerca de la isla Redonda le hicieron señal con una sábana.

Cuando los de la lancha bajaron a tierra solo ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! oyeron. Las dos familias que vivían en la isla, desde los viejos hasta las criaturas se estaban muriendo envenenadas. Se habían comido de una res muerta picada de toboba.


-¡Llévennos a Granada!- les dijeron. Y el Capitán preguntó:- ¿quién paga el viaje?

-No tenemos centavos -dijeron los envenenados-, pero pagamos con leña, pagamos con plátanos.

-¿Quién corta la leña?¿quién corta los plátanos? –dijeron los marineros.

-Llevo un viaje de chanchos a Los Chiles y si me entretengo se me mueren sofocados -dijo el capitán.

-Pero nosotros somos gente -dijeron los moribundos.

-También nosotros -contestaron los lancheros-; con esto nos ganamos la vida.

-¡Por Diosito! -gritó el más viejo de la isla-; ¿no ven que si nos dejan nos dan la muerte?

-Tenemos compromiso -dijo el Capitán.

Y se volvió con los marineros y ni porque estaban retorciéndose, tuvieron lastima. Ahí los dejaron. Pero la abuela se levantó del tapesco y a como le dio voz les echó la maldición:

-¡A como se les cerró el corazón se les cierre el lago!.

La lancha se fue. Cogió altura buscando San Carlos y desde entonces perdió tierra. Eso cuentan. Ya no vieron nunca tierra. Ni los cerros ven, ni las estrellas. Tienen años, dicen que tienen siglos de andar perdidos por los mares del mundo. Ya el barco está negro, ya tiene las velas podridas y las jarcias rotas. Mucha gente del Lago los han visto. Se topan en las aguas altas con el barco negro y los marineros barbudos y andrajosos les gritan:

-¿Dónde queda San Jorge?¿Dónde queda Granada?... Pero el viento se los lleva y no ven tierra. Están malditos.


Adaptacion
Pablo Antonio Cuadras y
Francisco Perez Estrada 
Leyendas de Nicaragua

lunes, 8 de agosto de 2011

ANTOJO

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TRAEME...
dos días de emoción
en una bolsa de alegría
pintada a mano
una carcajada
y una sola aventura
TRAEME ...
también
en un bolsillo
una semilla de entrega
para que hagamos juntos
un huerto de caricias
Una ramita de albahaca
un pedazo de amanecer
tres conchas con perfume de algas
la frescura de un aguacero de mayo
el rumor del océano
en una espiral cuajada de nácar
El sabor de los tamarindos
una margarita de pétalos impares
y el derroche de fantasía
de una tarde de agosto......
Y aunque ya es mucho pedir
si te sobra algun huequito
TRAEME...
como últmo antojo
la belleza de una mañana
un vestido hecho de besos
y una canasta de azahares.

Johanna Goede

viernes, 5 de agosto de 2011

LLEVAR LA FIESTA EN PAZ

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Muchos de nosotros en  más de una oportunidad nos hemos visto en la necesidad de 'hacernos de la vista gorda" para "llevar la fiesta en paz" como solemos decir. Optamos por hacer como los Tres Monos Místicos: No ver el mal, no oír el mal, no decir el mal.

Los Tres Monos Sabios o Místicos, que se tapan con las manos respectivamente los ojos, oídos y boca, están representados en una escultura de madera en el santuario de Toshogu, en Nikko, Japon. Una de las leyendas, cuenta que los tres monos eran mensajeros enviados por los dioses para delatar las malas acciones de los humanos. A manera de conjuro mágico cada uno tenía dos virtudes y un defecto, y se representaban en el siguiente orden:

* Kikazaru: representado como el mono sordo, era el encargado de utilizar el sentido de la vista para observar a todo aquel que realizaba malas acciones para transmitírselo a Mizaru mediante la voz.

* Mizaru: era el mono ciego. No necesitaba su sentido de la vista, puesto que se encargaba de llevar los mensajes que le contaba Kikazaru hasta el tercer mono, Iwazaru.

* Iwazaru: el tercero de los tres monos era el mono mudo, Iwazaru, que escuchaba los mensajes transmitidos por Mizaru para decidir la pena de los dioses que le caería al desafortunado y observar que se cumpliese.


Otra interpetación a ésta leyenda está relacionada con el Código filosófico y moral Santai dónde el pueblo debía rendirse al sistema recomendándo, no ver, no oír, no expresar la propia insastisfación, sentido que perdura en la actualidad. De igual manera, también dicen que esta leyenda predica que se debe permanecer con la mente limpia, a través de las palabras y acciones buenas, no ser intrometido ni chismoso. A pesar de la variedad de interpretaciones de este proverbio de influencia China es simplemente la regla de oro en Japón.

Este fin de semana saldré a comprarme una estatuilla o un cuadro de los tres monitos místicos para recordarme que en más de una ocasioón es prudente, no ver, no oir, no decir.

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