
A fines del siglo pasado, vagaba por las calles de Santo Domingo un pobre muchacho, que parecía ser penínsular, sin paradero fijo y sin alma cristiana que por él fuese. No se sabía cuándo ni cómo ni dónde había arribado a estas hospitalarias playas. Solamente se aseguraba que había sido robado en España y traído aquí, no se sabe por qué motivos, en algún buque de los que por rareza se aparecía por estos puertos.
Su edad dicen que no pasaba de 5 o 6 años, aunque acaso llegaría a diez. El inclemente clima de la isla había hecho fácil presa en el abandonado niño, que le consumía, relajando su organismo, le habían proporcionado protuberante vientre y mortal color a su fisionomía.
Y, o porque estaba cubierto con camisa hecha jirones que dejaban ver sus venas azuladas verdeando sobre el blanquísimo cutis de su vientre, según opiniones, o, lo que es más corriente, por que vestía un viejo y raido chaleco de paño verde, el caso es que los ociosos muchachos de la época, con su habitual malignidad, bautizaron a su indigno colega con el ridículo mote de Barriga Verde, nombre por el cual era generalmente conocido.
Un día, un pacífico habitante de la ciudad, hombre de color, de holgada vida, persona de bien de los que abundaban en esa época, fue llamado por su esposa:
¡Ay!- taita Polanco, que así lo denominaba, -mira que ahí en la calzada está un pobre muchacho blanco enfermito ¡el pobre! Está tiritando de calentura.
Era el dicho habitante de temperamento que aquí somos todos, es decir generosos y hospitalarios a carta cabal, que dejando sus herramientas salió a la calle y reconociendo al muchacho, con dulzura exclamó:
-¡Eh! Barriga Verde, ¿Qué tienes, estás mal?-
El niño apenas respondió con un débil gemido y continuó temblando de frío
-¡Pobre muchacho!- murmuró taita Polanco.
Ayudado por su mujer lo cargaron y lo entraron en su morada dónde ya le habían hecho preparar un aposento cómodo. Luego le prepararon pócimas caseras y cuidados, al poco tiempo Barriga Verde se restableció. Le rasuraron la cabeza por estar llena de piojos y lo vistieron con un sayon blanco como de muerto. El esmero en la alimentación provocó que algunas personas se refirieran a su aspecto como el de un botón de rosa, muy blanco, sonrosado, de ojos azules, pelo rubio, nariz perfilada, cara redonda y lleno de carnes. Parecia inteligente. La familia le rodeaba de atenciones y cuidados, tratándole como un príncipe. La gente se había acostumbrado a ver al honrado y trabajador taita Polanco y su postizo hijo, y admiraba también el aspecto distinguido del último y su preciosa carita.
Falta hacer notar que tiempo después de estar aquí el desamparado niño, llegaron unos papeles que sin duda eran reales provisiones o requisitorios para que se buscara a un niño que había desaparecido de la
Corte de España, requisitorios que dicen, se dirigieron a todos los dominios españoles; perdida ya la esperanza de encontrársele en la peninsula. Pero un día misteriosamente, nadie sabe como sucedió, Barriga Verde desapareció tan misteriosamente como habia aparecido, cuando ya estaba hecho un mocito y cuando mas encariñados estaban todos. Aquél hogar felíz fue todo confusión y llanto.
continuará....