A propósito del día de la amistad que recien pasó, quiero hablarles de mi mejor amigo. A pesar de que tengo un monton de amigos a quienes quiero intrañablemente, éste en particular, reune cierta cualidades que lo distingue de los demás, a pesar de que sólo hace tres años que lo conozco.
Fue una linda mañana del mes de mayo del 2008 que mis hijos angustiados por la tristeza que a nuestra familia había traído la muerte nuestro amigo Alfie, decidieron adoptar a Oki-doki. Los trámites para tal acontecimiento fueron divertidos ya que mi hija que vive en Perú vió un catalogo de gatos on-line que estaban en adopción en la Florida y escogío a este de entre 400 felinos. De inmediato nos pusimos en acción y recogimos al gato, vacunado y castrado (requisito del Estado). Asi lo trajimos, de ocho semanas, esbelto, con su traje gris a rayas, ojos verdes de mirada intensa, y un garbo y donaire que nos ha cautivado.
¿A veces me pregunto si Oki-doki me quiere tanto a mi como yo a él? o ¿Es acaso su salamería por que le proveo casa y comida?
Según he estado investigando, evidencias clínicas demuestran que la alimentación juega un papel muy importante entre el gato y su amo. Pero no solo del pan vive el gato. La mera presencia y caricia de la persona amada ha demostrado que reduce el ritmo cardíaco de los felinos.
Las malas lenguas rumoran que los gatos son independientes, desapegados y que "todo" es cuando ellos quieren. Esto puede ser cierto para algunos, pero no para todos. Según expertos veterinarios los gatos que han sido criados, desde su nacimiento, "con calor humano" piensan que ellos son casi humanos o que los humanos son casi gatos. Lo cierto es, que en la relacion gato-amo se dá esta simbiosis de manera imperceptible.
En ocasiones Olki-doki me trae un animal muerto como demostración de afecto y respeto. Me persigue por toda la casa, se sienta en mis piernas o a mi lado (encima del teclado de mi ordenador para llamar mi atención), se deprime ligeramente cuando salgo de casa y me espera ansiosamente postrado en la ventana esperando mi regreso. Tambien me da un "beso" (cuando en las mañana se queda mirándome intensamente y luego entrecierra los ojos), ronronea y roza su cuerpo contra mis piernas.
Estas demostraciones de afecto que me brinda Oki-doki a diario, sin importarle que yo no sea tan constante como él lo hacen muy especial en mi vida, mi mejor amigo.

